Las teorías causales del conocimiento responden a preguntas que indagan el por qué de las cosas y en algunas ocasiones el cómo. ¿Por qué ocurrió la reforma protestante? ¿Por qué Gorvachev se empeñó en terminar la guerra fría? ¿Por qué el sol aparece por el oriente? ¿Por qué la sal corroe los metales? ¿Cómo funciona el virus del SIDA? Todos estos ejemplos sugeridos por Wendt indagan por las causas de las cosas.
Ahora bien: al responder preguntas causales que permitan afirmar que X es la causa Y el investigador parte de tres supuestos básicos. En primer lugar asume que X y Y son dos cosas que existen independientemente la una de la otra. En segundo lugar reconoce que X precede a Y en el tiempo. Finalmente acepta que Y no ocurriría si no fuera por la acción de X. Satisfechas las condiciones de posibilidad que rodean los dos primeros supuestos, el problema principal al que se enfrenta el investigador causal se relaciona con la tercera condición, pues lo que le interesa es poder distinguir la relación causal entre X y Y de la mera correlación o la asociación accidental entre dos cosas.
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| A. Wendt |
Las preguntas que indagan por el qué de las cosas pueden, a primera vista, dar la impresión de estar buscando respuestas descriptivas. ¿Qué es la depresión? o ¿qué pasa en las sesiones de resocialización de jóvenes delincuentes encerrados en una cárcel? podrían ser vistas como preguntas descriptivas. Sin embargo, las respuestas que caracterizan la depresión como "una enfermedad" o la resocialización de jóvenes delincuentes como "discusiones entre personas con problemas", con todo y su simplicidad, son el punto de partida de respuestas explicativas de dos fenómenos específicos. Así, nadie aceptaría respuestas tan simples como las referidas a no ser que fueran acompañadas de una explicación más detallada sobre qué significa que la depresión sea una enfermedad o cómo es posible que las reuniones de jóvenes con problemas pueda servir como herramienta de resocialización. Tales respuestas, como se aprecia, no son de tipo causal, pues se relacionan con situaciones sociales y culturales más complejas que deben ser explicadas. Lo anterior quiere decir que las preguntas que se centran en entender el qué o el cómo es posible de las cosas no siempre tienen un carácter descriptivo sino que activan dimensiones explicativas (no causales) que la ciencia social no puede pasar por alto.
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| M. Packer |
El problema con esta primera manera de conceptualizar la constitución radica en que solo se interesa por el conocimiento individual de la realidad. La segunda conceptualización, más convincente, tiene un componente filosófico que se apoya en una de las críticas que Hegel le hace a Kant. Hegel adopta una postura realista radical en la cual "no hay dos mundos (uno mental y otro material) que de algún modo se conectan gracias a los planteamientos filosóficos. Lo que existe es un solo mundo: el sujeto está ubicado en la realidad objetiva". En este orden de ideas, los seres humanos están implicados en un mundo material y social. Cada uno de nosotros es arrojado a un mundo que nos precede y ofrece ciertas formas de ser. Así, se pone en marcha un proceso de adaptación que es esencialmente social, pues la posiblidad que tienen los seres humanos de entenderse a sí mismos y entender las cosas que usan es el resultado de una actividad práctica que revela las posibilidades de acción de esas personas y de esas herramientas.
No se trata, entonces, de un proceso individual. Aquí se habla de una interacción con las cosas y con otras personas que se negocia constantemente y, según Packer, es fruto de la improvisación en la medida en que la continua renovación de los órdenes de vida (tal es el resultado de la interacción) no depende de reglas y roles preestablecidos.
Referencias:
Alexander Wendt, On Constitution and Causation in International Relations. Review of International Studies, Vol. 24, 1998.
Martin Packer, Educational Research as a Reflexive Science of Constitution. National Society for the Study of Education. Vol. 109.


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